Tuesday, August 29, 2006

DURMIENDO CON ELLOS
Alexander Obando
San José:
un sitio,
una ciudad de tentáculos perdidos.
Los zancudos de mayo
revolotean en el calor de la noche.

Hay perros que ladran:
abren el hocico para tragar
entre dientes amarillos y roja lengua
un bocado de aire y humedad.
Pero en mi casa, siempre,
se duerme con ellos.

Algunos lagartos
no cierran las fauces
por temor al olvido y las piedras.
Las almohadas de la luna ya
descienden:
alguna estrella se consume
y envía fragmentos
que debieron quedarse en Aries;
pero en casa, y tras
la lluvia de aerolitos,
quedamos durmiendo con ellos.

Tal vez yo me sienta uno asociado con la noche.
He abierto muchas puertas
para ahogarme luego entre callejones de ciudad.


Por eso,
siempre con ellos:
con los muslos
y miembros exangües como
disfraces de un viejo ropero.
En el pequeño cuarto de la tarde o
mientras en Santiago de Cuba llueva;
mientras las calles frías
alberguen un desafinado amante de Caruso,
nosotros con ellos.
Para cuando aparezca otro afarensis
y las vigas del Maracaná envejezcan de cerveza;
mientras la lluvia de dientes fertilice el desierto,
yo en la playa o en el cine...
durmiendo con ellos.

Tal vez yo soy uno mismo con la noche.
He ido por ahí abriendo puertas olvidadas
cuyos habitantes carecen de nombre.


Y luego,
durmiendo con ellos en los aviones y los trenes;
bajando el Golfo con las manos en la arena
o los pies al quicio de un zigurat.
Levantando el turbante o los anteojos
para distinguir al amigo o enemigo.
Sacando muelas o
dando clases en el Carmen de Parrita.
Haciendo la paz y la guerra en Peñas Blancas
o siguiendo el buque fantasma del Lago.
Porque en San Juan del Norte
los senos y los muslos
se abren a la noche como esporas,
y nosotros, a pesar de la guerra,
dormimos con ellos.

Recordando a Lorca o Rimbaud en patineta.
El pelo lacio y los ojos tristes cuando un poema
en la cocina
se le llenaba de cerveza,
cuando una fulana destrozaba sus sueños
con un NO firme y abundante,
y sin embargo,
dormía con ellos.

Yo he sido uno mismo con la noche.
Abro millones de puertas oscuras
y las cierro ante ojos aterrados.


Por eso un hotel en Nebraska
y otro en San José.
Bajando del tren al perro del guardián
para hacer el amor en el cabús,
y siempre,
durmiendo con ellos.
En San Salvador o Atenas,
sin murallas,
sobre un libro de García Márquez
y a la luz de una candela;
acariciando sus flancos
mientras el fantasma
nos mira desde la puerta,
?y a pesar del miedo?
durmiendo con ellos.
Tocar esos labios húmedos
apenas dibujados por la ventana.
Negar la importancia de T. S. Eliot
y rasgar una guitarra en los balcones del frío.

Porque siempre he sido uno mismo con la noche.
Salgo bajo la lluvia y regreso bajo la lluvia.
Mi casa
está llena de ídolos muertos.

Tengo por tanto al loco de mi amigo
entre los brazos,
succiono los morenos pezones
y duermo con ellos,
siempre con ellos.
Pavarotti en el Lincoln
y nosotros imitando a Verdi y Puccini;
porque San José
no tiene sentido
si no duermo con ellos;
con Sosa de Honduras
y la uruguaya de Tibás.
Abrazar con el calor de
mi mano sus hombros húmedos,
transgredir su pubis
siempre con ellos.

Porque yo soy uno mismo con la noche.
Y un grito desde lejos atraviesa las calles,
pero no para saludarme o decir adiós.

Duermo con todos en las noches de verano
y en las tardes colegiales.
Una taza de leche
y un bollo de pan para el domingo de Pascua.
Decirle detrás de la oreja
que no tenga miedo,
que a todos les pasa durmiendo con ellos.
Por entre ruinas;
sobre las grúas del transporte;
en los baños de los hoteluchos y
bajo las narices de sus tíos,
durmiendo con ellos.

Sin la clara luz de una luna en Málaga.

Sin el ronroneo de las palmeras de Limón
pero durmiendo con ellos.

Porque
San José
es la ciudad;
a veces,
a veces el momento;
y yo,
mirando el viejo reloj
desde esta ventana,
sé que siempre seré uno
asociado con la noche.

Monday, August 28, 2006

LA VIDA ES SUEÑO (Fragmentos)
Pedro Calderón de la Barca


¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así,
qué delito cometí contra vosotros naciendo:
aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido:
bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayordel hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos, el delito de nacer),
¿qué más os pude ofender, para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron que yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con sus galas que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma, o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas corta con velocidad,
negándose a la piedad del nido que deja en calma:
¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas (gracias al docto pincel),
cuando, atrevido y cruel, la humana necesidad
le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor instinto tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira midiendo la inmensidad
de tanta capacidad como le da el centro frío
¿y yo con más albedrío tengo menos libertad?


Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata, entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra de las flores la piedad,
que le da la majestad del campo abierto a su huida:
¿y teniendo yo más vida tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho,
quisiera arrancar del pecho pedazos del corazón;
¿qué ley, justicia o razón negar a los hombres sabe
privilegio tan süave, excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave?

[ .... ]

Es verdad; pues reprimamos esta fiera condición,
esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos:
y sí haremos,

pues estamos en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta dispertar.

Sueña el rey que es rey,
y vive con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe;
y en cenizas le convierte

la muerte (¡desdicha fuerte!):
¿que hay quien intente reinar,
viendo que ha de dispertar en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida?
Un frenesí,
¿Qué es la vida?

Una ilusión, una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,
y los sueños... sueños son.

Wednesday, December 28, 2005

REIR LLORANDO
Juan de Dios Peza

Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra, y el más feliz..."
Y el cómico reía.

Víctima del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso
llegóse un hombre de mirar sombrío:
"Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío".

"Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importa mi nombre ni mi suerte.
En un eterno spleen, muriendo vivo,
y es mi única ilusión la de la muerte".

-Viajad y os distraeréis.
-¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad.
-¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer.
-¡Si soy amado!
-Un título adquirid.
-¡Noble he nacido!
-¿Pobre seréis quizá?
-Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis?
-¡Tantas escucho...!
-¿Qué tenéis de familia?
-Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios?
-Mucho... mucho...
-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos
yo les llamo a los vivos, mis verdugos.


-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal,
y no debo acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo:
"Sólo viendo a Garrik podréis curaros".
-¿A Garrik?

-Sí, a Garrik...
La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa,
¡tiene una gracia artística asombrosa!

-¿Y a mí me hará reír?
-¡Ah sí, os lo juro!;él sí, nada más él,
mas... ¿qué os inquieta?

-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrik!...
cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devorael alma llora,
cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
LA CANCION DEL PIRATA
José de Espronceda

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho a despecho del inglés
y han rendido sus pendones
cien naciones a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa, sea cualquiera,
ni bandera de esplendor,
que no sienta mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas yo dividolo cogido por igual;
sólo quiero por riqueza la belleza sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río, no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío

Y si caigo,¿qué es la vida?
Por perdida ya la di,
cuando el yugo del esclavo,
como un bravo, sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Son mi música mejor aquilones,
el estrépito y temblor de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno al son violento,
y del viento al rebramar,
yo me duermo sosegado,
arrullado por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Friday, November 25, 2005

LOS MOTIVOS DEL LOBO
Ruben Darío

El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial,
El mínimo y dulce Francisco de Asís está con un rudo y torvo animal,
Bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal:
El lobo de Gubbia, el terrible lobo.

Rabioso ha asolado los alrededores, cruel ha deshecho todos los rebaños;
Devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierrosfueron destrozados.

Los duros colmillosdieron cuenta de los más bravos perros,
Como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él.
Francisco con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo:
-"¡Paz, hermano lobo!"

El animal contempló al varón de tosco sayal;
Dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas y dijo:
-"¡Está bien, hermano Francisco!"
-"¡Como! -exclamó el santo-. ¿Es ley que tu vivas de horror y de muerte?
¿La sangre que viertetu hocico diabólico, el duelo y espantoque esparces,
El llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor?
¿No han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te han infundido acaso su rencor eterno Luzbel o Belial?

"Y el gran lobo, humilde:
-"¡Es duro el invierno, y es horrible el hambre!
En el bosque helado no hallé qué comer, y busqué el ganado,
Y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador sobre su caballo, llevando el azoral puño;
O correr tras el jabalí, el oso o el ciervo; y a más de uno vi mancharse de sangre,
Herir, torturar, de las roncas trompas al sordo clamora los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre que iban a cazar".

Francisco responde:
-"En el hombre existe mala levadura. Cuando nace viene con pecado.
Es triste. Mas el alma simple de la bestia es pura. Tú vas a tener desde hoy qué comer.
Dejarás en paz rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

-"Está bien, hermano Francisco de Asís".
-"Ante el Señor, que todo ata y desata, en fe de promesa tiéndeme la pata".
El lobo tendió la pata al hermano de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea.
La guente veía y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero, y, bajo la testa,
Quieto lo seguía como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó a la gente a la plaza y allí predicó.
Y dijo: -"He aqui una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo, me juró no ser ya nuestro enemigo,
Y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento a la pobre bestia de Dios".
-"¡Así sea!"-, contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal de contentamiento, movió la testa y cola el buen animal,
Y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía, el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle, iba por el monte, descendía al valle,

Entraba en las casas y le daban algode comer.
Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó.
Y el lobo dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, desapareció,
Torno a la montaña,y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez sintióse el temor, la alarma, entre los vecinos y entre los pastores;
Colmaba el espanto los alrededores, de nada servían el valor y el arma,
Pues la bestia fiera no dio treguas a su furor jamás,
Como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
Todos lo buscaron con quejas y llanto,
Y con mil querellas dieron testimonio de lo que sufrían y perdían tanto
Por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montañaa buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
-"En nombre del Padre del sacro universo, conjúrote" -dijo-
"¡Oh, lobo perverso!, a que me respondas:
¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho".

Como en sora lucha, habló el animal, la boca espumosa y el ojo fatal:
-"Hermano Francisco, no te acerques mucho
Yo estaba tranquilo allá en el convento,

Al pueblo salía, y si algo me daban estaba contento y manso comía.
Mas, empecé a ver que en todas las casas estaban la envidia, la saña, la ira,
Y en todos los rostros ardían las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos se hacían la guerra,
Perdían los débiles, ganaban los malos,
Hembra y macho eran como perro y perra,
Y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos y los pies.
Seguía tus sagradas leyes,
Todas las criaturas eran mis hermanos,
Los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
Hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como una agua hirviente,
Y entre mis entrañas revivió la fiera,
Y me sentí lobo malo de repente;
Mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí, a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí, que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
Déjame existir en mi libertad,vete a tu convento,
Hermano Francisco, sigue tu camino y tu santidad".

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con un profunda mirada,
Y partió con lágrimas y con desconsuelos,
Y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
Que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos...

Wednesday, November 23, 2005

TÁCTICA Y ESTRATEGIA.
Mario Benedetti

Mi táctica es mirarte aprender como sos
Quererte como sos .
Mi táctica es hablarte y escucharte
Construir con palabras un puente indestructible.

Mi táctica es quedarme en tu recuerdo
No sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos.
Mi táctica es ser franco y saber que sos franca
Y que no nos vendamos simulacros
Para que entre los dos no haya telón ni abismos.

Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple
Mi estrategia es que un día cualquiera
No sé cómo ni sé con qué pretexto
Por fin me necesites

Sunday, June 01, 2003

PROVERBIOS Y CANTARES
Antonio Machado

I

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse.

II

¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?...
Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar.

III

A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.

IV

Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.

V

Ni vale nada el fruto cogido sin sazón...
Ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón.

VI

De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia, y la otra no es caridad.

VII

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;
conozco grajos mélicos y líricos marranos...
El más truhán se lleva la mano al corazón,
y el bruto más espeso se carga de razón.

VIII

En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder...
Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?

IX

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,
de ingénita malicia y natural astucia,
formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aún la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

X

La envidia de la virtud hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio es lo que se envidia más.

XI

La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente;
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Que la piqueta arruine y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

XII

¡Ojos que a la luz se abrieron un día para, después,
ciegos tornar a la tierra, hartos de mirar sin ver!

XIII

Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos...

XIV

Virtud es la alegría que alivia el corazón
más grave y desarruga el ceño de Catón.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino,
para el sediento el agua, para el borracho el vino.

XV

Cantad conmigo a coro: Saber, nada sabemos,
de arcano mar venimos, a ignota mar iremos...
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

XVI

El hombre es por natura la bestia paradójica,
un animal absurdo que necesita lógica.
Creó de nada un mundo y, su obra terminada,
"Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada."

XVII

El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda su mansión
para la ajena hace ganzúa de ladrón.

XVIII

¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Ilíada!
Áyax era más fuerte que Diomedes,
Héctor, más fuerte que Ayax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte...¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Ilíada!

XIX

El casca-nueces-vacías, Colón de cien vanidades,
vive de supercherías que vende como verdades.

XX

¡Teresa, alma de fuego Juan de la Cruz, espíritu de llama,
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!

XXI

Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía... Después soñé que soñaba.

XXII

Cosas de hombres y mujeres, los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados, si fueron alguna vez.

XXIII

No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada:
yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.

XXIV

De diez cabezas, nueve embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea.

XXV

Las abejas de las flores sacan miel, y melodía
del amor, los ruiseñores: Dante y yo -perdón, señores-,
trocamos -perdón, Lucía-, el amor en Teología.

XXVI

Poned sobre los campos un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa...
Seguramente, el carbonero busca las moras o las setas.
Llevadlos al teatro y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene llena de fantasías la cabeza.


XXVII

¿Dónde está la utilidad de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad: vanidad de vanidades.

XXVIII

Todo hombre tiene dos batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios; y despierto, con el mar.

XXIX

Caminante, son tus huellas el camino y nada más;
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino sino estelas en la mar.

XXX

El que espera desespera, dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

XXXI

Corazón, ayer sonoro,
¿ya no suena tu monedilla de oro?
Tu alcancía, antes que el tiempo la rompa,
¿se irá quedando vacía?
Confiemos en que no será verdad
nada de lo que sabemos.

XXXII

¡Oh fe del meditabundo! ¡Oh fe después del pensar!
Sólo si viene un corazón al mundo
rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

XXXIII

Soñé a Dios como una fragua de fuego, que ablanda el hierro,
como un forjador de espadas, como un bruñidor de aceros,
que iba firmando en las hojas de luz: Libertad. - Imperio.

XXXIV

Yo amo a Jesús, que nos dijo: Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron una palabra: Velad.

XXXV

Hay dos modos de conciencia: una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia con caña o red,
y esperar el pez, como pescador.
Dime tú: ¿Cuál es mejor? ¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos, fugitivos, que no se pueden pescar,
o esa maldita faena de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

XXXVI

Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.


XXXVII

¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro de la tierra,
haz una copa para que beba tu hermano.

XXXVIII

¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe si no puedes hacer barro.

XXXIX

Dicen que el ave divina, trocada en pobre gallina,
por obra de las tijeras de aquel sabio profesor
(fue Kant un esquilador de las aves altaneras;
toda su filosofía, un sport de cetrería),
dicen que quiere saltar las tapias del corralón,
y volar otra vez, hacia Platón.
¡Hurra! ¡Sea! ¡Feliz será quien lo vea!

XL

Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:
el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,
por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,
el ómnibus completo de viajeros banales,
y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,
a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino...
Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero
no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

XLI

Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed.


XLII

¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal se me rompe,
nunca en ella beberé, nunca jamás.

XLIII

Dices que nada se pierde y acaso dices verdad,
pero todo lo perdemos y todo nos perderá.

XLIV

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

XLV

Morir... ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca he sido: uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza sin camino y sin espejo?

XLVI

Anoche soñé que oía a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: ¡Despierta!

XLVII

Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos, y miedo de naufragar.

XLVIII

Mirando mi calavera un nuevo Hamlet dirá:
He aquí un lindo fósil de una careta de carnaval.


XLIX

Ya noto, al paso que me torno viejo, que en el inmenso espejo,
donde orgulloso me miraba un día, era el azogue lo que yo ponía.
Al espejo del fondo de mi casa una mano fatal
va rayendo el azogue, y todo pasa
por él como la luz por el cristal.

L

-Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.

LI

Luz del alma, luz divina,
faro, antorcha, estrella, sol...
Un hombre a tientas camina;
lleva a la espalda un farol.

LII

Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar irán por la carretera
o campo traviesa irán.
Discutiendo y disputando empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas, ya se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero, que va cantando un cantar:
«Romero, para ir a Roma, lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes, por todas partes se va».

LIII

Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere y otra España que bosteza.
Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

VUELO SUPREMO
Julian Marchena


Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera
entre fugaces lampos ambarinos
y oponer a los raudos torbellinos
el ala fuerte y la mirada fiera.

Huir de todo lo que sea humano;
embriagarme de azul...
Ser soberano de dos inmensidades:
mar y cielo,

y cuando sienta el corazón cansado
morir sobre un peñon abandonado
con las alas abiertas para el vuelo.

Sunday, May 18, 2003

ESPANTAPAJAROS #8
Oliverio Girondo


Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.

En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.

Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.

¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!

Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.

¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?

El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un de una falta de tacto...

Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de con temporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, coda una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquella desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, esta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abuse de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junta con las gallinas.

Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. E1 hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto mas insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y es per a r que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.


ESPANTAPAJAROS #18
Oliverio Girondo


Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Saturday, May 10, 2003

ESPANTAPAJAROS #1
Oliverio Girondo


No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Esta fue y no otra la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres

¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.